Corriente Alterna: El muro de Trump es una oportunidad de oro para México

Estimado
lector, debido a que este texto toca fibras sensibles para los mexicanos y
estoy seguro que más de uno estará en fuerte desacuerdo conmigo, le pido amablemente
permitirme presentarle mis argumentos y si al final de su lectura, lo considera
digno de su reprobación, aceptaré humildemente cualquier comentario hacia mi
persona por rudo que este pueda ser. Siendo así y sin más preámbulos, le
planteo que el muro fronterizo del controvertido presidente los Estados Unidos puede
ser, si nos lo proponemos, no una gran calamidad y dura ofensa a nuestra
mellada dignidad,  sino una
extraordinaria oportunidad para nuestro país y las siguientes generaciones de
mexicanos, por lo cual debemos pasar del enojo desbordado, a la mesa de
negociación para hacernos socios en este proyecto, sí, socios.

Cuando en el
siglo V antes de Cristo, la dinastía Quin, decidió construir la gran muralla,
su único fin era el de defenderse de los feudos rivales, lo cual empezó a tener
buenos resultados y con el paso de los siglos, este divisorio se extendió hasta
alcanzar casi 7,300 kilómetros. Sirvió además para comunicar de manera
eficiente puntos distantes, facilitó el transporte de mercaderías, eso obligó a
edificar puestos de vigía, dormitorios, tiendas, talleres, entre otras
instalaciones complementarias. Seguramente los antiguos chinos nunca pensaron
que esta construcción, pasaría de ser un enclave a militar, a una de las
mayores atracciones turísticas del mundo. Actualmente, la gran muralla recibe
aproximadamente a 2 y medio millones de visitantes al año, que en promedio
gastan unos cien dólares norteamericanos por conocerla, eso nos da un total de
ingresos de 250 millones de dólares anuales, más la derrama que ocasiona en las
ciudades aledañas por concepto de hospedaje, transporte y alimentación.

Ahora bien, la
frontera compartida entre México y nuestros vecinos del norte corresponde a la
mitad de la longitud de la Gran Muralla. Esto, aunado a los avances
tecnológicos simplificaría el proceso de construcción, así que se podría
completar en unos cuantos años. Actualmente, la propuesta de míster Trump, es
la de obtener fondos públicos para financiar este megaproyecto. Se calcula que
el costo es de 5 mil millones de dólares que serían cobrados a México de manera
directa o indirecta, sin nosotros tener al final beneficio alguno. Ante esta
situación completamente adversa, y al parecer ineludible, es posible hacer una
sorpresiva contraoferta: Asociarnos al 50% para su realización. Pero claro,
bajo ciertos términos y concesiones de inversionista.

Ambos seríamos
dueños en partes iguales, el acceso al muro debería ser con visa. Este sería
arquitectónicamente estético, ancho y funcional para usos comerciales para los dos
países, esto con el objetivo de atraer turistas que quieran recorrerlo y
disfrutar de hermosos parajes que existen en diversos puntos de la frontera. Se
podrían desarrollar además centros comerciales sobre y a lo largo del muro,
hoteles, spas, secciones de
consultorios médicos y farmacias que tanto visitan los norteamericanos en
Mexicali y Tijuana, entre muchas otras atracciones. Incluso, se podría organizar un
ultramaratón anual que recorra de extremo a extremo el muro. Este proyecto, sí
es financieramente viable, podría ser costeado por bonos y evitar la lesión a
los erarios. Es más, si nos quitamos la bandera nacional en la que estamos
envueltos, podríamos participar en la construcción y crear una gran cantidad de
empleos y de paso echarle una mano nuestra anémica economía.

Finalmente,
este proyecto, dividiría las ganancias entre los dos países. Si para este
momento aún me sigue leyendo, considero que esta es una alternativa con la cual
podemos convertir este amargo trago en una gran oportunidad de negocio. Me
gustaría, amigo lector, concluir mi colaboración con algunas palabras de
Confucio: “No pretendas apagar con fuego un incendio, ni
remediar con agua una inundación”.