Al ojo del amo: Automatización vs Empleo

Existen pruebas anecdóticas por todas partes de que las tecnologías digitales suponen una amenaza para el empleo. Los robots y la automatización avanzada están instalados en muchos tipos de fabricación desde hace décadas. En Estados Unidos y China, las mayores potencias mundiales de la manufactura, hay menos personas trabajando ahora que en 1997 debido en parte a la automatización. Las armadoras modernas de automóviles, muchas de las cuales se transformaron con la llegada de la robótica industrial en la década de 1980, suelen usar máquinas que sueldan y pintan chasis de forma autónoma, trabajos que antes hacían humanos. Más recientemente se han introducido robots más flexibles y mucho más baratos que sus predecesores que llevan a cabo tareas sencillas para pequeños fabricantes en toda una gama de sectores.

En el trabajo administrativo y los servicios profesionales se está dando un cambio menos dramático pero con un impacto potencial sobre el empleo mucho mayor. Tecnologías como la Web, la inteligencia artificial, Big Data y las analíticas mejoradas -todas posibles gracias a una disponibilidad cada vez mayor de potencia de computación barata y capacidad de almacenaje- están automatizando muchas tareas rutinarias. Han desaparecido incontables trabajos de oficina tradicionales, como muchos de los que hay en la oficina de correos y en los servicios de atención al cliente. W. Brian Arthur, investigador visitante en el laboratorio de sistemas de inteligencia del Centro de Investigación de Xerox en Palo Alto (EE.UU.), lo denomina la “economía autónoma”. Es mucho más sutil que la idea de robots y la automatización encargándose de trabajos humanos, afirma: implica “procesos digitales hablando con otros procesos digitales y creando nuevos procesos”, permitiéndonos hacer muchas cosas con menos gente y haciendo que más trabajos humanos queden obsoletos.


Arthur afirma que es principalmente esta avalancha de procesos digitales la que sirve para explicar
cómo ha crecido la productividad sin que haya habido un aumento significativo de la mano de obra humana. Y afirma que “las versiones digitales de la inteligencia humana” están sustituyendo cada vez más incluso a aquellos puestos para los que se creía que hacían falta personas. “Esto cambiará todas las profesiones en formas que ni siquiera hemos empezado a ver”, avisa.

Según el director económico del Banco de Inglaterra, Andy Haldane. Y viene a decir lo mismo que ya advirtieron Carl Benedikt Frey y Michael Osborne, de la Universidad de Oxford: “La fusión de la robótica, las tecnologías de la información y la inteligencia artificial van a tener un impacto devastador en el mercado laboral”. Como bien nos advertía Martin Ford en El ascenso de los robots: la tecnología y la amenaza de un futuro sin empleos, “Los robots no están ya sólo en las fábricas, amenazando a los trabajadores en las cadenas de montaje. La gente que está ahora amenazada es cualquiera que esté sentada en un despacho y haciendo un trabajo que requiera la manipulación de información, especialmente si es una manera rutinaria”. El futuro nunca estuvo tan cerca. Y ante la amenaza inminente, es fácil caer en la visión apocalíptica de Martin Ford, que asegura que los primeros efectos invisibles de la automatización ya están con nosotros: la desigualdad económica y la precariedad del empleo. Ford anticipa que el creciente malestar social por la “desaparición” de los trabajos sólo va a poder afrontarse con medidas radicales como la Renta Básica: una paga mensual para todos, por el mero hecho de ser ciudadanos y para que tengamos un mínimo colchón económico, en una época de incertidumbre constantes.

Aunque existe también una posición “integrada” ante lo que está pasando. “El futuro del trabajo no va a ser tan funesto como algunos presagian”, advierte J.P. Gownder, al frente del equipo que ha colaborado en el Informe Forrester 2025: trabajando junto a los robots.”En realidad, la automatización hará que surjan y que crezcan nuevas categorías de empleo”, asegura Gownder. “El mayor efecto va a ser la transformación del trabajo. Las empresas han de ir negociando ya una nueva relación entre humanos y robots, en la que los dos trabajen juntos, en vez de convertirse en meros sustitutos del otro”.Al fin y al cabo, la “revolución de la información” está surtiendo el mismo efecto que la “revolución industrial” a finales del siglo XIX, insisten los “integrados”. En aquel momento, el 70% de la población trabajaba en la agricultura. Tan sólo el 1% de los empleos que existían hace algo más de un siglo han sobrevivido tal cual. De la fricción entre el hombre y la máquina, brotarán nuevos oficios que ni siquiera existen ahora. Si algunos jóvenes aún dudan lo que harán en el futuro, es posiblemente porque su trabajo no ha sido aún inventado.

Algunos estractos tomados de El Mundo y de MIT Technology Review

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