Corriente Alterna: El cisne rompequinielas

¿Cuál es el deporte
preferido de Inglaterra?, puedo asegurarle que no es ni el rugby, ni el football, ni el cricket ni los dardos. No,
el deporte más popular de los ingleses es el nado contra corriente, y desde
hace siglos lo han practicado con gran disciplina; ya sea manejando en sentido
inverso al resto del mundo, midiendo con su tortuoso sistema de unidades, fabricando aparatos eléctricos con voltaje exótico, y más
 recientemente, aislándose del resto de
Europa. Dentro de estas y muchas otras peculiaridades,  hay una que data de hace más de setecientos
años, y surge de la admiración de la monarquía por la elegancia y deslumbrante blancura de los
cisnes, que derivó en un mandato Real;  en el que se
ordenó  que todas las aves de este tipo que habitaran en aguas abiertas dentro del  Inglaterra y Escocia, serían propiedad del
monarca en turno. Desde entonces son celosamente protegidos y
estrictamente censados cada mes de Julio.  

A mediados del siglo XIX, por indicaciones de
la reina Victoria, se encomendó a la Real Sociedad de Biología, clasificar
escrupulosamente a todas las especies de estas aves, las cuales sin importar
sus diferencias biológicas, al final tenían en
común algo: ser invariablemente blancas. La tarea fue concluida a satisfacción
y el árbol genealógico pendió orgullosamente en la sala de la prestigiosa
Sociedad. Hasta que un día, un grupo de exploradores se internaron en tierras recién descubiertas de Nueva Zelanda y encontraron una sorpresa: cisnes negros.

Después de lo que supongo habrá sido una bochornosa explicación a la reina. La zoología
de los cisnes debió reclasificarse por completo.  

Este tipo de desatinos siempre han sido parte
de la humanidad. Son eventos tan altamente improbables,  que nadie repara en ellos y nunca se
consideran como parte de nuestros planes, pero cuando ocurren…¡ouch!, se
convierten en sucesos de altísimo impacto, ahora conocidos por la ciencia como
cisnes negros.

Para fines ilustrativos hagamos un recuento de
algunos de ellos:


El asterioide
de Chicxulub. Durante millones de años los dinosaurios dominaron al planeta,
hasta que de pronto, y sin previo aviso, una luz cegadora surcó el cielo,
extinguiéndolos y provocando el auge de los mamíferos , que después evolucionaron
en lo que somos.

Las guerras
mundiales. A finales del Siglo XIX, Europa en general experimentó un período de
bonanza extrema, el romanticismo se reflejaba aún en el arte, la ciencia
aportaba como nunca a favor de la humanidad. Se esperaba un Siglo XX lleno de
paz y de fraternidad. Nada más alejado de lo que les deparaba a los bohemios
europeos.

La tercera
Guerra Mundial ¿?. Al término de la segunda conflagración, era un hecho que
existiría un tercero y devastador conflicto entre el bloque socialista y los
Estados Unidos. Nunca se dio, el cisne negro no apareció, reiterándonos su
naturaleza esquiva e impredecible.

Poniéndonos más al día podemos citar el Brexit. Evento que contra
toda lógica y probabilidad, se dio, y de refilón la derrota de la invencible
Hillary Clinton.

Ahora, bien, como es muy sencillo hablar a toro pasado
y con los libros de historia en la mano y para cerrar este sorpresivo año,
estos son mis cisnes negros para el 2017-2018:

  1. Estallido
    bélico en medio oriente, que dispara los precios del petróleo.
  2. Recuperación
    vertiginosa de la economía de países petrolizados.
  3. Repunte
    de economía mexicana en consecuencia.
  4. Derrota
    de AMLO en las elecciones presidenciales, victoria del PRI.
  5. Declive
    y eventual desaparición de Facebook.
  6. Chile
    campeón del mundo en Rusia 2018.
  7. Quiebra
    de Televisa.
  8. Descubrimiento
    de vida extraterrestre.
  9. Apagón
    digital por tormenta solar, afectación global incalculable.
  10. China
    aprecia  el yuan a su valor real, creando un caos financiero.  
Y de pilón,  en
cuatro años Donald Trump es reelegido por otro periodo.

Por las
características de este impredecible fenómeno, solo existirá  una manera de comprobar o desmentir estos
inverosímiles escenarios, y es esperar a que nuestro caprichoso personaje se digne
a aparecer. Desplegando ante nuestras atónitas miradas, sus majestuosas alas negras.

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