Corriente Alterna: Los Marcopolos de Tepito

Juán es originario de Tepito,
nació y creció ahí. Desde niño ayudó a su familia en un puesto de chácharas, de
ahí salía para los gastos. De un día a otro las ventas empezaron a bajar, no
tardó en enterarse que su clientela ahora compraba en otro local, que ofrecía
más variedad y aprecios mucho más bajos. 
Se lo habían madrugado.

Algo se tenía que hacer al respecto, así que
reunió a sus hermanos para evaluar alternativas, una era ir a los Ángeles y
comprar en el barrio chino al mayoreo, pero antes habría  que obtener una visa norteamericana, misión
imposible. La segunda, mucho más audaz era ir directamente a China y traerse el
producto. La decisión estaba tomada, juntaron ahorros y encomendaron a  Juan  para la gran aventura. 

Sin mayores complicaciones obtuvo su visa y
días después estaba en Shanghai, sin saber ni inglés ni mucho menos chino, pero
con un fajo de diez mil dólares y un contacto comercial recomendado por un
amigo de otro amigo, que medio hablaba español y eso si, se movía allá como pez
en el agua.

Llevó entonces a Juan con los productores, se dio cuenta que a
diferencia de sus proveedores convencionales, aquí la mercancía se elabora de
acuerdo al gusto del cliente, un factor que más adelante fue determinante.
Cerró el primer trato, así, a la tepiteña, a la mera palabra. Pagó el cincuenta
por ciento como anticipo y el resto contra la entrega en puerto mexicano. Se
tragó la angustia y regresó a México. Un mes después le llegó su contenedor,
cubrió los aranceles y surtió su puesto con nueva mercancía que voló en unas
pocas semanas. Su arriesgada decisión salvó al negocio de la debacle.

A partir
de entonces, Juan es un viajero frecuente a China, va en promedio tres veces al
año y lleva haciéndolo por siete. En el proceso ha aprendido muchísimo.
Primero, que cada producto tiene su provincia; hay una para lentes, otra para
ropa deportiva, otra para celulares… Y que si quieres ser exitoso, no puedes
abarcar todos los segmentos, debes especializarte en uno, en su caso es el de
ropa de mujer de moda y para tallas características de las mexicanas promedio.
Un valor agregado de la flexibilidad del productor chino, que hace lo que le
pides, claro, mientras nunca le falles con los pagos.
El proceso, nos dice
Juan, comienza con un email que le envía a su contacto comercial, indicándole
su itinerario, una vez que llega a Shanghai, lo espera ya un chofer que lo
llevará a la fábrica de su proveedor, hará su negociación mediante su enlace
comercial, que le cobrará una comisión del 10% del trato, inspeccionará  también la calidad del producto terminado y
hará las gestiones para embarcarlo a México. No todo el proceso ha sido una
sedita para Juan, se ha llevado varios reveces, como cuando intentó ampliarse
al sector de los perfumes.

Los primeros embarques llegaron bien, pero una
ocasión le mezclaron en el pedido botellas diluidas y perdió una buena cantidad
de dinero,- ni modo, era el riesgo-, dice, -no era lo mío-. Actualmente, los ahora
conocidos como Marco Polos de Tepito, se han organizado. Viajan en grupo y
llegando a Shanghai se separan,  cada
quien tiene su especialidad de producto, así no se generan competencia
innecesaria. Fijan un plazo para cumplir con sus agendas y así coincidir en el
regreso, como una sencilla pero eficiente comitiva empresarial. La actividad de
los Marco Polos ha ido en aumento, como muestra, se estima que en cada vuelo
México-Shanghai, hay al menos cinco tepiteños. Como  Juan, que se prepara ya para su siguiente
viaje.

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