Cuentos indios. Qué tiempos aquellos..

Delhi me ha puesto en situaciones que nunca, nunca, hubiera imaginado. He visto de cerca pavos reales, pericos verdes por montones, changos, venados y víboras, por mencionar algunos. Claro, dirán ustedes, eso no es extraordinario, pero sí lo es cuando esto ha sucedido en la puerta de mi casa. A ella se han colado, víboras, ranas, numerosas lagartijas y un escorpión negro. A las lagartijas y las ranas las he atrapado y sacado de casa. Con las víboras me han ayudado (una fue cobra y la otra “viper”) al escorpión lo mate con saña. Para mí, eso ya es bastante.

Pero ahora vivo en Goa, la que fuera colonia portuguesa en India hasta principios de los 60’s y la vida
aquí es diferente que en el resto de India y diferente a otras zonas de Costa que he conocido.
No soy capaz de enumerar las diferencias, éstas son sutiles. Existe un cierto sabor latino, se ve en la arquitectura, casas con patios y porches. Se nota en el pan recién horneado, los cientos de iglesias que visten los valles y los pueblos. Lo único común es la languidez con la que pasa la vida.

Hace unos días una amiga con familia originaria de aquí me invitó a conocer la casa de sus ancestros, una casa de 175 años. Hermosa, ubicada en una aldea de nombre Siolim. La casa tiene un porche grande con columnas y piso rojo. Aún conservan los camastros donde se dormía la siesta, el altar de la habitación principal, el pozo de agua y la antigua estufa de carbón. Lo nuevo son los baños, mismos que por ser nuevos no están en las habitaciones.
Me cuenta que cuando era niña (mediados de los 70’s) pasaba las vacaciones ahí junto con sus tres hermanas y un hermano. Dice ella que solían ir a pescar al río que corre por atrás de la casa y siempre regresaban cargados de pescados para comer.

La casa tiene un jardín enorme que es medio silvestre y domesticado. Hay árboles de mango y chico zapote y muchas plantas que no conozco. Ella me cuenta que de niña el escusado era un gran cuarto elevado, donde corría un tablón de madera con varios agujeros uno al lado del otro y ella y sus hermanas lo utilizaban sin ningún reparo.

Me mostró cómo era la hora del baño. El baño se encontraba ubicado en un costado interior de la cocina, y cerca de la estufa hay una pequeña ventana que lo comunica. Por ésta ventana les hacían llegar el agua caliente para la pileta del baño. El agua la sacaba algún empleado y la pasaba a la cocina por otra pequeña ventana cercana al pozo. Sus juegos eran atrapar mariposas, pescar, nadar en la playa y andar permanente descalza.

Por más que intento imaginar mi infancia así, no puedo. Yo crecí corriendo en parques, montando en bicicleta y jugando en las calles a las escondidas. Qué triste que los niños de hoy no se puedan ni imaginar mi niñez, ya no digo la de mi amiga en Goa.

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