Putin

Corriente Alterna: La guerra por la inteligencia.

En 1982, el cineasta francés Jean-Jaques Annaud rodó la súper producción La Guerra del fuego, basada en la novela homónima. Esta magnífica película situada en el Pleistoceno, nos narra la lucha de los individuos de entonces por controlar este elemento. Cuando la tribu de neandertales Ulam es atacada por un clan rival, los supervivientes huyen a través de un pantano. En una jaula de huesos celosamente guardaban un pequeño mechero, cuya flama mantenían viva desde hace varias generaciones. Ante el peligro acechante, el burdo envoltorio cae a las fangosas aguas, el fuego se extingue dramáticamente. Los Ulam desconocen cómo producirlo, la pérdida es devastadora. Entonces el sabio de la tribu encomienda al  cazador Naoh y dos de sus mejores hombres a recuperar el valioso legado.

Es 2017, el  hombre domina el fuego, ya no es un bien preciado digno de guerras, tampoco lo son las arcas de tesoros, incluso tampoco los pedazos de tierra. Hoy en día existe una guerra abierta entre las naciones más poderosas. Un conflicto que se pelea en este momento sin descanso, silencioso para la gente común, pero encarnizado para estas superpotencias que buscan desde hace mucho tiempo el medio para someter a enemigo. Ya no con una flama, sino con un código, aquél que desentrañe el mayor misterio que tenemos como especie, el arma más mortífera: nuestra inteligencia. Emulada y trasplantada a un sistema de supercomputadoras; capaz de tomar múltiples y complejas decisiones, que le permitan inmiscuirse en sus intrínsecos sistemas de cómputo, y provocar severos daños a su economía e infraestructura. Anticipar cualquier ataque cibernético y crear defensas que lo anulen incluso antes de ser lanzado. Y lo mejor de todo, lo haría de manera autónoma, recolectando toda la información disponible de todas las computadoras del mundo y analizándolas a velocidades de procesamiento inconcebibles. Para tomar las decisiones más acertadas, con las menores consecuencias posibles. A esto se le conoce como Inteligencia Artificial, cuyo origen data de la segunda guerra mundial, cuando el matemático inglés Alan Turing se dio a la tarea de descifrar el código ENIGMA que encriptaba los mensajes nazis y que rápidamente entendió que esta labor sería imposible de realizar incluso para un ejército de genios. Por lo que echó mano de los adelantos tecnológicos de la época para crear su célebre máquina, que eventualmente logró romper el hermético lenguaje enemigo, sentenciado así a la belicosa Alemania.

Este evento abrió los ojos a las grandes potencias, quienes a partir de ese momento dedicaron enormes recursos para desarrollar los sistemas más sofisticados de procesamiento de datos. Se había iniciado una nueva era. Con ella nacían las emblemáticas empresas de informática, las prestigiosas universidades formaban a expertos en este campo. La carrera por la supremacía en Inteligencia Artificial comenzaba, aquél que la ganara dPutin ominaría el mundo. Actualmente, los jugadores principales en esta misión son desde luego los Estados Unidos de Norteamérica, Inglaterra, Francia, Rusia, China y recientemente India e Israel. Estas naciones se encuentran en constante desarrollo en técnicas y equipo computacional de Inteligencia Artificial (IA) que son probados en vivo como espías virtuales en prácticamente todos los dispositivos electrónicos del mundo. Desde un simple celular hasta sofisticados sistemas de defensa militar. El nivel de desarrollo de estas tecnologías es tan avanzado, que Vladimir Putin externó recientemente su preocupación respecto al peligro que podrán representar para la paz mundial. Al prescindir éstas de la guía humana y basar sus decisiones en análisis autónomos que en cierto momento desencadenen una conflagración global.

Al final de la película, Naoh regresa con sus dos compañeros con los suyos, ya no con el fuego, sino con una extraña mujer, quien lleva en su vientre a su hijo, el primer homo sapiens híbrido, sería nuestro ancestro, y que ante el asombro infinito de los toscos neandertales, hace nacer la flama con solo frotar chispeantes pedernales sobre hierbas secas. La tribu estaba salvada, era ahora la dueña del mundo.

 

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